La flor y el hachís proceden de la misma planta, pero son productos muy distintos. Uno es el cogollo tal cual, tras secarse y curarse; el otro es la resina separada de la planta y prensada. Te contamos en qué se diferencian.
Qué es la flor
La flor, o cogollo, es la parte de la planta hembra donde se concentran los tricomas. Tras la cosecha se seca y se cura durante semanas para que desarrolle su aroma. Conserva la estructura natural de la planta y permite apreciar a simple vista su color, su densidad y su capa de resina.
Qué es el hachís
El hachís se obtiene separando los tricomas de la planta y compactándolos. Es una de las formas más antiguas de trabajar el cannabis: su elaboración está documentada desde hace siglos en regiones como Marruecos, el Líbano, Afganistán o el Himalaya.
Métodos tradicionales y modernos
- Tamizado en seco: la planta seca se agita sobre mallas finas y los tricomas caen. Es el método clásico del norte de África.
- Frotado a mano: la resina se recoge frotando las flores frescas con las palmas. Es la técnica tradicional del charas del Himalaya.
- Agua y hielo: las flores se agitan en agua helada para que los tricomas se desprendan y se filtran con bolsas de distintas mallas. Da como resultado el conocido como ice-o-lator o bubble hash.
Diferencias en aroma y textura
La flor muestra el perfil completo de terpenos de la variedad. El hachís suele tener aromas más terrosos, especiados o dulces, que dependen tanto de la planta como del método de elaboración y del prensado. Su textura va de la más dura y quebradiza a la más blanda y maleable.
Cuál elegir
No hay uno mejor que otro: son experiencias diferentes. Hay quien prefiere reconocer la variedad en la flor y quien valora la tradición y los matices del hachís bien hecho. Lo importante es conocer lo que tienes delante.
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