Dos flores de la misma variedad pueden oler y saber de forma muy distinta. Una de las razones principales está en lo que ocurre después de la cosecha: el secado y el curado.
Secado: el primer paso
Recién cortada, una planta de cannabis contiene mucha agua. El secado consiste en eliminar la mayor parte de esa humedad de forma lenta, colgando las ramas en un espacio oscuro, ventilado y con temperatura y humedad controladas. Suele durar entre una y dos semanas.
Si se seca demasiado rápido, la flor queda áspera y pierde aroma. Si se seca demasiado despacio, aumenta el riesgo de moho.
Curado: donde se define el carácter
Una vez seca, la flor se guarda en recipientes herméticos durante varias semanas. En ese tiempo, la humedad que queda en el interior del cogollo se reparte de manera uniforme y continúan procesos que transforman compuestos como la clorofila.
Durante las primeras semanas, los recipientes se abren a diario unos minutos para renovar el aire. Es lo que se conoce como «airear» o burping.
Qué cambia con un buen curado
- Aroma: los terpenos se conservan mejor y el olor gana complejidad.
- Sabor: desaparece el regusto a hierba verde que da la clorofila.
- Textura: la flor queda firme por fuera y ligeramente elástica por dentro.
- Combustión: más uniforme y con una ceniza más clara.
Cuánto tiempo hace falta
Un curado básico dura unas dos semanas, pero muchos cultivadores prefieren esperar un mes o más. Algunas variedades siguen mejorando durante meses si se conservan en buenas condiciones.
Cómo reconocer una flor bien curada
Huele intensa y limpia al abrir el recipiente, no se desmorona al tocarla ni está húmeda, y sus colores se ven vivos. Un olor a heno o a hierba cortada suele indicar un curado corto o apresurado.
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