Si miras una flor de cannabis de cerca, verás que está cubierta de pequeños cristales brillantes. No es azúcar ni polvo: son los tricomas, y son la parte más interesante de la planta.
Qué son los tricomas
Los tricomas son diminutas estructuras en forma de pelo o de seta que crecen sobre las flores y las hojas cercanas. Su nombre viene del griego y significa, literalmente, «crecimiento de pelo». Muchas plantas los tienen, pero en el cannabis cumplen un papel especial.
Para qué le sirven a la planta
En la naturaleza, los tricomas funcionan como un escudo. Protegen a la planta de la radiación ultravioleta, de algunos insectos y de la pérdida de agua. Su resina pegajosa dificulta que los pequeños animales se alimenten de las flores.
Por qué importan tanto
Dentro de los tricomas se producen los cannabinoides, como el THC y el CBD, y los terpenos, responsables del aroma. Por eso, cuanto más cubierta de tricomas está una flor, más intensa suele ser su personalidad.
Los tres tipos principales
- Bulbosos: los más pequeños, casi invisibles a simple vista.
- Capitados sésiles: algo mayores, con una cabeza sin apenas tallo.
- Capitados pedunculados: los más grandes y abundantes en las flores, con un tallo y una cabeza redonda. Son los que dan ese aspecto escarchado.
El color como indicador
Los cultivadores observan los tricomas con lupa para decidir el momento de la cosecha. Cuando son transparentes, la planta aún no ha madurado. Al volverse lechosos, está en su punto. Si muchos se tornan ámbar, la maduración está muy avanzada.
Cómo cuidarlos
Los tricomas son frágiles. El calor, la fricción y la electricidad estática hacen que se desprendan. Por eso conviene manipular las flores lo menos posible, evitar las bolsas de plástico y guardarlas en recipientes de cristal, en un lugar fresco y oscuro.
¿Quieres conocer el club? Descubre cómo es Sticky o consulta las preguntas frecuentes.